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Tu origen

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Dedicadas van estas páginas a esas venturas azarosas que aparecen en marcos de simpatía, descubriéndonos profundos rasgos de identidad de esos a quienes por años conservamos en cercanía.

Esta saga que comienza dedicada a una hermana del alma, pudiera terminar un poco más allá, enlazada a otras sufridas y olvidadas raíces.

Lo inmanente de nuestros marcos parentales no trasciende, para permitirnos de esa forma abrirnos al amor vincular trascendente.

Los marcos de los que hablaré no son mis marcos parentales y por ello pudieran estar trascendiendo a mí y en mí, a través de ese largo vínculo amical con Odell.

Una obra de arte como la de Odell, por completo libre de compromisos con cualquier tipo de terceros, fuerte y espontánea, por ello sincera y a más, perseverante, es oportunidad muy especial para conceptualizar esferas que sin duda, en mí trascienden en mucho a la artista misma.

Miles de obras han salido de las tripas y manos de esta artista y sería tremebundo imaginar que hablaran sólo de una Vida. Bastante alivio siento hoy después de un par de largas décadas acompañando sus caminos, que atrás de ella pudiera estar haciendo acto de presencia una "horda" completa.

De hecho, cuando le comenté estas percepciones, ella simplemente me sonrió y comentó que no sólo no le asustaba, sino que le gustaba mucho esta palabra.

Este texto que sigue le hubo sido previamente girado y su respuesta me acercó un "excelente".

Las imágenes que ilustran estos textos fueron producto de un urgido llamado pidiéndome cubriera el bache de ilustraciones, que habiendo sido previstos, a última hora habían quedado desiertos de sus aprecios.

De inmediato, en dos breves jornadas de un par de horas hube de capturar no menos de 500 imágenes de su taller encendido y unos 40 minutos de filmación que aun permanecen pendientes de edición.

Las primeras 200 imágenes me fueron gratificadas en los mismos términos anteriores.

Nunca he trabajado en estos 28 años por metálico alguno. Por ello me cabe una libertad, una responsabilidad y una afectividad muy particulares; que resguardo en apropiada austeridad.

Para ninguno de los que me conoce, esto es noticia. Sin embargo, aprecio recordarlo para que nadie se sorprenda de esas componentes, que en este cóctel no apuntan precisamente al arte decorativo.

 

Del diafragma para abajo también ellos se dan al trabajo.

La obra de Odell y la propia Odell no necesitan introducciones. Ambas tienen sobrada belleza para presentarse solas.
Sin embargo, por esa confianza que dan los años (22) comulgando con ambas, aprecio escribir estas líneas que son para mi propia satisfacción y provecho escribirlas. Uno siempre descubre algo nuevo cuando termina de escribir.

En este caso, es parte de esa cascada que deviene natural de todo fenómeno eurístico; compartiendo estímulos no sólo con ellas, sino con algunos ángeles de la guarda que nos sostienen en común;

y con mi generosa musa Estela, en particular, apurando estos deseos. El remonte genealógico de Estela, los Livingston, precisamente encuentra su más viejo registro en la Hungría del siglo XIII.

No es la primera vez que escribo sobre Odell y sobre la identidad de su obra: siempre, por cierto, de carácter parental. Textos que ella conserva de costado para que no se mezclen con su identidad.

Sin duda, sus arcanos que han esperado cientos de años para ver su savia  y su verdura aflorar, no necesitan ni aprecian mezcolanzas dialécticas  en sus obranzas. Odell es muy celosa al respecto, e incluso me ha dicho que son celos “honestos”?  Sin duda, los tomo en serio. Como siempre he tomado mi relación con ancestros.

Hace algo más de 15 años, en oportunidad de una muestra en Alemania, Odell me acerca un comentario crítico de alguien que la señalaba con arcanos precolombinos. La confianza que tenía con ella me movió a desalentarla se creyera esos halagos.Y a cambio le señalé que tampoco eran peninsulares, sino de Europa Central.

A poco quedó confirmada la presencia de un austríaco muy calificado de la primera mitad del siglo XVII, al que pronto le cupo escultura celebratoria en tarea que juntos realizamos.

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Pero tan original y tan fuerte expresión estaba esperando una vuelta de tuerca que le acercara mucho mayor identidad. Y esta es la que aprecio relatar.

La aparición de sus últimos trabajos, de pronto me han hecho sentir la presencia de “la horda de oro”.

Quienes conocieran de historias de mongoles, mogoles o tártaros como en Rusia dan a los primeros en llamar, reconocerán que la vastedad del imperio más grande de la historia, que bien poco a nuestras obras en conciencia trasciende, pudieran haber dejado en más de un pueblo fundidas en cultura, huellas variadísimas que exceden en carácter originario a las cúpulas rusas o al Taj Mahal.


 
Desde Siberia, pasando por China, Korea y la propia India hasta la isla de Java; desde Rusia, Polonia, Rumania, Bulgaria, Hungría, Croacia, Serbia, el Adriático hasta Egipto; qué no abarcó este imperio de nómades que con sus pequeñas y briosas cabalgaduras; y con ese particular adminículo llamado “estribo”, sembraron el terror bien más allá de sus estepas y multiplicaron caravanas por el camino de la seda.

Gentes, en sus orígenes tan austeros, que ni siquiera diferenciaban las ropas del varón y de la hembra, pintan de cuerpo entero a esos 300.000 salvajes y sufridos mogoles que en la primera mitad del siglo XIII siguieron al Gengis Khan.

De ellos siento que habla la obra que acercan a nuestros ojos los ancestros de Odell.


Por cierto, bien tamizada por los contactos indoeuropeos y uraloaltaicos que a un pueblo como el húngaro tanto asistieron. Refinada con creces en el imperio austrohúngaro, a poco se estiliza; y si no muere, es porque los arcanos no mueren. Pero la obra de estos pueblos alimentando academias, no son hoy las que me sorprenden.

La última obra de Odell reconoce a "la horda dorada", tanto como la inmediata anterior de los últimos 20 años, a las demás hordas: negras, blancas y azules;
en estado primordial, salvaje y por demás sufrido.

Pero con una delicadeza y sensibilidad que sólo una diosa sumergida en esa tremenda materia y energía, lograría como ella celebrar.

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Francisco Javier de Amorrortu, 14/9/07

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